John Textor en un partido de Botafogo. Foto Alamy
Botafogo vive un escenario de inestabilidad financiera que comienza a tener un impacto directo en el entorno interno. Actualmente, el club tiene un retraso de aproximadamente un mes en el pago de los derechos de imagen y de tres meses en el cobro del FGTS a los deportistas. Ante esta situación, crece la preocupación por posibles medidas legales por parte del elenco, ya que la legislación permite la rescisión unilateral en caso de incumplimiento prolongado del contrato.
Al mismo tiempo, la junta intenta gestionar pasivos con recursos que aún no se han transferido completamente a efectivo. Parte de la solución pasa por utilizar valores de negociaciones recientes. La venta del defensa David Ricardo al Dinamo de Moscú, por unos 6,5 millones de euros, debería generar unos 32 millones de reales para el club, lo que corresponde a una participación del 80% del acuerdo.
La prohibición de transferencias de la FIFA bloquea récords y aumenta la incertidumbre
Además de los conflictos laborales, Botafogo enfrenta el impacto directo de una prohibición de transferencias impuesta por la FIFA. La sanción impide la inscripción de nuevos deportistas y está relacionada con una deuda de aproximadamente 21 millones de dólares con Atlanta United, relativa al fichaje de Thiago Almada en 2024. Hasta que el monto sea liquidado o garantizado mediante acuerdos aceptados por las entidades, el club seguirá impedido de registrar refuerzos.
En este contexto, la SAF aún no ha podido presentar las garantías requeridas por el club norteamericano, la MLS y la propia FIFA. Aunque hay indicios de una aportación de unos 50 millones de dólares por parte de John Textor, el dinero aún no se ha transferido efectivamente. El retraso se debe a obstáculos internos en el grupo controlador, que depende de la aprobación de acreedores estratégicos, como Gestión Ares, para liberar los recursos.
Los refuerzos contratados son inciertos
Con el confinamiento en vigor, los jugadores que ya han fichado para la temporada 2026 corren el riesgo de no jugar inmediatamente. Aún no pueden inscribirse nombres como Lucas Villalba, Ythallo y Riquelme, contratados para reforzar la plantilla. Ante la incertidumbre sobre las inscripciones, el club se plantea incluso cederlos.
Mientras intenta resolver el impasse financiero, Botafogo ve su planificación deportiva condicionada por factores externos. El retraso en el aporte prometido compromete no sólo el pago de deudas, sino también la capacidad de invertir y regularizar la plantilla. Con cada semana sin solución, aumenta el riesgo de perder competitividad y lidiar con el desgaste interno, tanto en el vestuario como detrás de escena administrativa.








