Son partidos como la final de Leinster del fin de semana pasado los que quedarán grabados en la memoria de la gente, y para muchos fanáticos de Westmeath, las celebraciones no tendrán fin.
El condado de Lake se enfrentó a los poderosos Dubs, y fue un partido en el que no muchos habrían apostado a que Westmeath ganaría. Sin embargo, siguiendo el ritmo de los chicos de azul y de cara a la prórroga, los vencieron por 2-28 a 0-26.
Después de esperar 22 años para volver a levantar esta copa, fueron las imágenes que siguieron, con lágrimas, risas y abrazos, las que tocaron la fibra sensible.
Vestido de pies a cabeza con los colores del condado y con cintas para la cabeza a juego, Conor Dillon posó con sus dos hijos en el campo.
El esquinero era todo sonrisas mientras abrazaba a su hijo Oisín, de diez meses, y a su hija, Amelia, de cinco años.
Pero no sólo los papás del equipo estaban entusiasmados: las mamás irlandesas estaban muy orgullosas de sus hijos.

Como tantas madres sentadas en las gradas, viendo a los equipos luchar por el título, Denise Whittaker probablemente estaba nerviosa esperando que sonara el silbato.
Al saltar a una toma con su hijo y la taza, casi se podía sentir su orgullo atravesando la pantalla.

El jugador del partido, Ray Connellan, que debutó contra Meath en 2014, llevaba muchos años esperando un día como éste.
Después de su éxito, se dirigió hacia su compañera, Lucy Slevin, que lo había estado apoyando desde las gradas.
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