Millones de aficionados al fútbol en todo el mundo estuvieron encantados de ver a Argentina perder la final de la Copa del Mundo durante el fin de semana. En las últimas semanas, su campaña cargada de controversia los ha visto emerger como uno de los equipos internacionales más odiados del planeta. Una serie de incidentes desagradables arruinaron su reputación hasta el punto de que la mayoría de los neutrales apoyaban a España para vencerlos en el partido principal del domingo.
Inicialmente, Argentina provocó furor cuando cosechó los frutos de dos decisiones arbitrales controvertidas en su victoria por nocaut sobre Egipto. El VAR anuló un gol a sus oponentes, lo que les habría permitido duplicar su ventaja, mientras que estaban igualmente furiosos por no haber concedido un penal momentos antes del decisivo gol de la victoria de Argentina.
Ese partido dio lugar a teorías de conspiración sobre que la Copa del Mundo se inclinaba a favor de Argentina, que fueron amplificadas por el entrenador de Egipto, Hossam Hassan, después del pitido final.
Más adelante en el torneo, se vio a varios jugadores argentinos celebrando su victoria sobre Inglaterra con una pancarta que llevaba el mensaje: “Las Malvinas son Argentinas”, que se traduce como: “Las Malvinas son Argentinas”.
Argentina también fue ampliamente criticada por sus repetidas faltas, su teatralidad en el campo y por rodear constantemente al árbitro cada vez que una decisión importante iba en su contra.
Esas quejas se intensificaron cuando se enfrentaron a España en la final, mientras que su conducta inmediatamente después del pitido final fue nada menos que vergonzosa.
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Más tarde no se disculpó en una larga declaración de Instagram que no mencionaba en absoluto las escenas desagradables que tuvieron lugar.
Desde entonces, la FIFA ha confirmado que está investigando lo sucedido, lo que podría dar lugar a multas o suspensiones de jugadores.
Sin embargo, algunos fanáticos pueden argumentar que descalificar a Argentina de la Copa del Mundo sería un castigo más apropiado. Una medida así haría que Inglaterra ascendiera al segundo lugar en la clasificación final.
Sería algo sin precedentes y casi con seguridad provocaría la mayor controversia en la historia del torneo. Argentina, sin embargo, sólo tendría la culpa si le da a la FIFA la decisión de su atroz conducta.








