Cada cuatro años, la jerarquía del fútbol mundial cambia. Favoritos caídos, perdedores inspirados, momentos de genialidad, destellos de temperamento: la Copa del Mundo siempre ofrece su cuota de sorpresas. Esta serie analiza esas historias que desafiaron todas las predicciones.
Para la edición de 2006 en Alemania, Argentina llegó con un plantel lo suficientemente fuerte como para dejar a los jóvenes Messi y Tevez en el banco en el momento del saque inicial.
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Y por una buena razón: José Peckerman podría alinear a Hernán Crespo, Juan Román Riquelme, Javier Saviola, Esteban Cambiasso y Pablo Aimar.
En el grupo de la muerte con Holanda, Costa de Marfil y Bosnia-Herzegovina, la Albiceleste produciría un pulido fútbol de posesión que sorprendería al mundo del fútbol entero.
La expresión más clara de ese enfoque se produjo en la victoria sobre Bosnia-Herzegovina, cuando Esteban Cambiasso anotó uno de los goles de equipo más emblemáticos en la historia de la Copa Mundial.
Desafortunadamente para ellos, la racha de Argentina terminaría en cuartos de final, derrotada por Alemania en los penaltis.
Mientras tanto, Maxi Rodríguez todavía tuvo tiempo de regalarnos uno de los goles más bonitos de la historia de la competición en octavos de final contra México.
Este artículo fue traducido al inglés por Inteligencia Artificial. Puedes leer la versión original en 🇫🇷 aquí.








