Icardi para el Galatasaray. Foto: Agencia BSR/Alamy Live News
Atlético-MG inició 2026 atento al mercado internacional y realizó una importante consulta. La directiva blanquinegra buscó información sobre la situación de Mauro Icardi, delantero del Galatasaray, con el foco en reforzar la plantilla de cara a la próxima temporada. La respuesta, sin embargo, trajo un obstáculo relevante: el club turco exige alrededor de 9,5 millones de euros para liberar al jugador, valor que ronda los 60 millones de reales.
El contacto fue de naturaleza exploratoria. Internamente, Galo trata el movimiento como parte de un mapeo más amplio, vinculado a la reformulación prevista de la plantilla. La idea es elevar el nivel técnico del equipo, especialmente en el sector ofensivo, tras la salida de jugadores importantes y los cambios estructurales previstos para el año.
El nombre de Mauro Icardi agrada al técnico Jorge Sampaoli. Los dos ya trabajaron juntos en la selección argentina, y el comandante ve en el delantero centro a un jugador capaz de darle peso internacional al proyecto deportivo. A sus 32 años, el delantero todavía tiene estatus de estrella y un récord de goles en ligas competitivas.
En el Galatasaray, Icardi se ha consolidado como una referencia ofensiva desde su llegada definitiva, tras un paso por el Paris Saint-Germain. El contrato se extiende hasta junio de 2026, lo que hace que el momento sea delicado para los turcos, presionados por el riesgo de perder al deportista sin compensación económica.
La petición del Galatasaray se consideró alta entre bastidores. Los turcos fijaron el precio cercano al que pagaron por comprar al atacante de forma definitiva, buscando recuperar casi la totalidad de la inversión realizada. Para el Atlético asumir un coste de esta magnitud supone un reto considerable.
Además de la tasa de transferencia, la operación implica salarios elevados. Icardi recibe cifras incompatibles con el estándar que se practica en el fútbol brasileño. Cualquier avance dependería de una compleja ingeniería financiera, con renegociación de salarios, primas de desempeño y posible dilución de valores a lo largo del contrato.
Por ahora, no hay ninguna propuesta oficial. El Gallo evalúa escenarios y evita decisiones apresuradas, consciente de que el impacto de un movimiento de esta magnitud va más allá de las cuatro líneas.
El contrato que se acerca al final cambia el juego, pero no lo resuelve todo
El contrato de Icardi con el Galatasaray finaliza en junio de 2026. En términos legales, esto permitiría al jugador firmar un precontrato y marcharse libre a mediados de año. Esta posibilidad está en el radar del Atlético, pero no elimina todos los obstáculos.
El club turco se resiste a la idea de perder su nombre principal de forma gratuita. Por lo tanto, mantenga una postura firme en las negociaciones, incluso cuando el tiempo juegue en su contra. La estrategia pasa por apostar por el atractivo del jugador en mercados alternativos, como Sudamérica o ligas emergentes.
Para el Atlético el factor tiempo podría ser decisivo. Esperar unos meses reduciría los costes de transferencia, pero mantendría los retos salariales y deportivos en la planificación.
La condición física pesa a la hora de valorar la inversión
Otro punto sensible tiene que ver con el historial reciente de lesiones. En 2024, Icardi sufrió una grave lesión en la rodilla, con rotura del ligamento cruzado anterior. A pesar de la recuperación, este tipo de problemas suele generar cautela, sobre todo en deportistas mayores de 30 años.
Comprar un jugador de esta franja de edad, por un precio elevado y con un historial clínico relevante, requiere un cálculo cuidadoso. La junta atlética considera el riesgo técnico y financiero antes de realizar cualquier avance.
El interés existe, al igual que el reconocimiento del peso del nombre. Entre la ambición y la prudencia, el Atlético-MG sigue analizando el mercado, mientras Mauro Icardi sigue siendo una posibilidad lejana, pero simbólica, para un proyecto que busca impactar sin perder el equilibrio.






