Ninguna cura milagrosa, ninguna decisión polémica del VAR, ningún chivo expiatorio o salvador sacado de la chistera deberían distraer demasiado la atención: las reformas que el fútbol italiano espera desde hace 16 años deben llevarse a cabo.
El juego debe entrar en una nueva fase, y el nombre del próximo Presidente de la Federación debe ser sólo la cara de una Revolución necesaria: pospuesta demasiado y remendada innumerables veces, sin impedir que la prenda se rompa.
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Sería superfluo analizar todas las cuestiones que el fútbol italiano debería actualizar, porque los foros adecuados para hacerlo requieren más espacio, experiencia diferente y un poder real de toma de decisiones.
Para nosotros basta con enumerarlos, porque este artículo no es la solución sino un memorándum: es la charla que se escuchó en los bares en los días posteriores a las eliminaciones contra Suecia, Macedonia del Norte y Bosnia.
Educadores especializados, retorno a la técnica como núcleo del desarrollo de los jugadores, modernización de las instalaciones, cambio de una “mentalidad ganadora” a una “mentalidad de crecimiento”, coraje para brindar oportunidades a los italianos y audacia táctica en todos los niveles del fútbol italiano.
Todas las buenas intenciones ya las has escuchado antes. Esta vez las quejas no deben acabar con una jornada más ni con el próximo fichaje. Deben permanecer allí. Independientemente de quién sea el entrenador en jefe o el presidente de la FIGC. Esta vez te lo recordamos, porque necesitamos recordárnoslo a nosotros mismos. Al menos hasta el próximo Mundial.
Este artículo fue traducido al inglés por Inteligencia Artificial. Puedes leer la versión original en 🇮🇹 aquí.








