Gasperini ha perdido la voz en los últimos meses por un motivo muy concreto: la exigencia de garantías sobre su futuro.
Sus ambiciones están por las nubes, con la Liga de Campeones como objetivo inmediato.
El club comparte esta visión, pero ha sido principalmente el técnico piamonteso quien se ha pronunciado públicamente sobre estas cuestiones.
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La ruptura, escribe El Mensajero, ocurrió en enero, cuando se dio cuenta de que tanto Zirkzee como Raspadori se habían desvanecido definitivamente.
Su intención era anticipar una revolución que afectará al ataque a partir de junio.
La llegada de Malen (aún sin ser propietario al 100%) no es suficiente.
Dovbyk saldrá inmediatamente al mercado, mientras que Ferguson ya terminó su temporada a mediados de enero.
Es probable que Dybala esté entre los jugadores que se van, con Boca Juniors presionando con fuerza y la MLS al acecho. Pellegrini también está indeciso: aún sin renovación, a Gasperini no le importaría su permanencia, pero todavía no hay novedades.
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También está de salida El Shaarawy, tentado por el Génova, y están también los casos de Venturino y Zaragoza.
El primero regresará al Génova, se espera que el segundo se una al Bayern de Múnich con un penalti.
Además de Celik y Tsimikas, el club tendrá que vender al menos un jugador clave para cumplir los términos del acuerdo: los sospechosos son Svilar, Ndicka, Koné y Soulé. Entre los objetivos de transferencia se encuentra Sauer del Feyenoord, ya negociado por Massara en enero, mientras que Yuri Alberto y Alajbegovic del Salzburgo,








