Jorginho cobra un penalti para Flamengo. Foto: Foto AP/Hussein Sayed/Alamy
El regreso del plantel de Flamengo para el clásico ante el Vasco no llegó ni desde el campo ni desde el vestuario. Al contrario, la decisión vino directamente de la presidencia y, como resultado, cambió la planificación trazada por el departamento de fútbol. La intervención de Bap sorprendió al comité técnico y, además, provocó malestar interno en Ninho do Urubu.
La definición se produjo en una reunión el martes, con la presencia del presidente, el director ejecutivo José Boto y el técnico Filipe Luís. Hasta entonces, el guión era otro. El club pretendía mantener al equipo sub-20 en los partidos iniciales del Campeonato Carioca, priorizando la preparación física del plantel principal.
Sin embargo, después de más debates, la orientación cambió. La orden era clara y venía de arriba. Los titulares deberían estar en el campo en el clásico, incluso con la pretemporada aún en sus inicios.
Presión deportiva y preocupación institucional
Inicialmente, Filipe Luís había informado al grupo que nadie actuaría en ese momento. Aún así, la secuencia de malos resultados cambió el escenario. Como resultado, las preocupaciones sobre la mesa comenzaron a pesar más que la planificación técnica.
Entre bastidores, la evaluación fue que el riesgo de acercarse a la zona de descenso en el Campeonato Estatal podría generar desgaste político. Por tanto, la Presidencia optó por anticipar la utilización de los principales actores. Además, se temía un aumento del número de partidos decisivos, lo que podría comprometer el calendario.
De esta manera, el clásico ante el Vasco empezó a ser tratado como un punto de inflexión. La expectativa es que un buen resultado aliviará la presión y permitirá una conducción más estable en las siguientes rondas.
Por otro lado, la decisión no encontró un apoyo unánime dentro del fútbol. El comité técnico defendió el cumplimiento íntegro de la pretemporada. El calendario pedía esta semana entrenamientos intensos, sin partidos, precisamente para ir subiendo poco a poco el nivel físico de la plantilla.
Además, jugadores y entrenadores creían que el grupo aún no había alcanzado el ritmo ideal. Se ha reducido el número de actividades en el campo y el intervalo entre la repetición y el partido se considera corto. Aun así, la planificación acabó siendo revisada por decisión institucional.
Como resultado, la obra empezó a experimentar un repentino cambio de escenario. La prioridad ya no es sólo física sino también política y competitiva.
Situación médica refuerza el malestar
Otro punto que pesó en el debate interno fue el estado clínico de algunos deportistas. Saúl continúa recuperándose de la cirugía. Danilo todavía necesita más tiempo después de haber jugado un papel de sacrificio al final de la temporada pasada. De la Cruz cumple con un estricto control de carga.
Aunque algunos de estos jugadores ya están en el campo, el trabajo aún es individualizado. Por ello, el departamento médico aconsejó precaución. Sin embargo, aún con estas advertencias, se mantuvo la decisión de anticiparse.
Así, entre bastidores se entiende que el riesgo físico ha aumentado, aunque el club considera prioritaria la situación deportiva en este momento.
Flamengo entrará al campo con apenas nueve días de preparación. En años anteriores, el intervalo era mayor. En 2022, por ejemplo, pasaron 23 días hasta el estreno. En 2023, el elenco tuvo 20 días completos de trabajo.
En 2024 se vivió una situación similar, con un regreso acelerado a los juegos. Aun así, el contexto actual vuelve a generar debate interno, precisamente por la repetición de una agenda apretada.
Ahora, las expectativas giran en torno a la respuesta en el campo. Si el resultado es positivo, el ambiente tiende a estabilizarse. De lo contrario, la decisión podría seguir siendo cuestionada internamente, en medio de una temporada que comienza bajo constantes tensiones y ajustes.








