Los repechajes del Mundial definirán a los últimos seis participantes (foto: Muhammed Faisal/Alamy)
El Mundial de 2026, que se disputará en Estados Unidos, México y Canadá, comenzó a convivir con un escenario de inestabilidad política. Esto ha llevado a la posibilidad de un boicot del Mundial de 2026 por parte de Alemania.
Las recientes declaraciones del presidente estadounidense, Donald Trump, sobre la posibilidad de que Estados Unidos tome el control de Groenlandia provocaron una fuerte reacción en Europa. La isla es un territorio autónomo vinculado a Dinamarca, miembro de la OTAN, y cualquier cambio de estatus afecta directamente al equilibrio diplomático en el continente.
Ante este contexto, el debate trascendió el ámbito institucional y llegó al fútbol. Los parlamentarios europeos comenzaron a defender públicamente la posibilidad de boicotear el torneo como forma de presión política. Entre los países mencionados, Alemania pasó a ocupar una posición central en la discusión, tanto por su peso deportivo como por su influencia política dentro de la Unión Europea.
Declaraciones en Alemania cobran repercusión
El diputado alemán Jürgen Hardt, de la Unión Demócrata Cristiana, dijo al diario Bild que su ausencia del Mundial podría considerarse una respuesta extrema. Según él, “un boicot sería el último recurso para forzar un cambio en la postura del gobierno de Estados Unidos”. El discurso resonó en otros sectores del Parlamento, donde diferentes partidos comenzaron a discutir el tema abiertamente.
En el Reino Unido, el movimiento encontró un apoyo similar. Los parlamentarios sugirieron que Inglaterra y Escocia evalúen una posición conjunta si el impasse diplomático empeora. Así, la hipótesis de un boicot europeo dejó de ser sólo retórica y pasó a formar parte del debate político de manera concreta.
Gobierno y federaciones adoptan cautela
El gobierno alemán, a su vez, adoptó un tono institucional. En declaraciones a la agencia AFP, la secretaria de Estado de Deportes, Christiane Schenderlein, afirmó que la decisión corresponde a las entidades deportivas. “Esta evaluación es responsabilidad de las federaciones involucradas. El gobierno federal cumplirá con esta decisión”, afirmó.
La Federación Alemana de Fútbol y la FIFA siguen el escenario, pero evitan tomar una posición definitiva. Internamente, la preocupación es no mezclar directamente intereses políticos con compromisos deportivos, aunque reconocen que la situación podría adquirir contornos más complejos si hay un avance real de las tensiones entre Estados Unidos y Europa.
Opinión pública y presión interna
Las encuestas de opinión también comenzaron a medir el impacto del tema. Una encuesta del instituto Insa, publicada por Bild, mostró que el 47% de los alemanes apoyaría un boicot si Estados Unidos sigue adelante con la idea de anexar Groenlandia. Otro 35% se mostró en contra, mientras que el resto prefirió no dar su opinión.
Este escenario revela una sociedad dividida, pero atenta al peso simbólico de un Mundial celebrado en territorio americano. Además, la cercanía entre Trump y el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, citada por los parlamentarios, alimenta las críticas y aumenta la desconfianza sobre posibles interferencias políticas en el ámbito deportivo.
Historia de boicots y posible nuevo capítulo
Si Alemania decide no competir en el torneo, sería el décimo boicot en la historia de la Copa del Mundo. A lo largo de casi un siglo, se tomaron decisiones similares por diversas razones, desde disputas políticas hasta dificultades económicas. El ejemplo más llamativo sigue siendo el de 1974, cuando la Unión Soviética se negó a enfrentarse a Chile en protesta contra la dictadura instalada en el país.
La selección alemana, cuatro veces campeona del mundo, ha participado en todos los Mundiales desde 1950. Por tanto, una posible ausencia tendría un impacto simbólico relevante, tanto para la FIFA como para la organización del evento.








