El poseedor del récord británico de disco cree que tiene las herramientas para desafiar a los mejores del mundo, pero mientras Lawrence Okoye se dirige al Campeonato de Atletismo del Reino Unido Novuna, su enfoque sigue firmemente en convertir el potencial en rendimiento.
El poseedor del récord británico de disco, Lawrence Okoye, llega al Campeonato de Atletismo del Reino Unido como un atleta al borde del abismo. Los números de entrenamiento, los datos biomecánicos y los destellos de forma en el circuito sugieren que hay un gran lanzamiento esperando por suceder.
Para Okoye, sin embargo, esta temporada no se trata de perseguir una única distancia mágica o de obsesionarse con las medallas. Se trata de alinear finalmente su trabajo diario con lo que sucede cuando más importa.
“Mis objetivos para la temporada son simplemente alcanzar mi techo”, dice. “El entrenamiento me ha demostrado que soy capaz de ser el mejor del mundo, pero la ejecución aún no está ahí siempre”.
El jugador de 32 años ya ha visto ambos lados de esa ecuación. Un récord británico y sólidas actuaciones en campos de primer nivel subrayan su calidad, mientras que una actuación decepcionante en Estocolmo recientemente sirvió como recordatorio de que, cuando todavía estás metido en cambios técnicos, la competencia puede ser implacable.
Se lo toma todo con calma y considera que 2024 no será un año decisivo, sino un paso más hacia un objetivo más amplio.
Proceso, no podios
El calendario de este verano, con sus campeonatos más importantes y partidos de la Liga Diamante, invita a hablar de medallas y clasificaciones. El idioma de Okoye es diferente. Sigue volviendo al oficio de lanzar.
“No diría que este año parece ‘más grande’ debido a los euros o las Commonwealths”, explica. “Estoy mucho más preocupado por el proceso que por objetivos específicos. El proceso es lo que me llevará a mi objetivo final de ser campeón a nivel mundial.
Realmente no me entusiasma pensar: ‘Oh, puedo conseguir una medalla en la Commonwealth’. Eso no me sirve de mucho si no significa también que puedo conseguir una medalla en el Mundial o en los Juegos Olímpicos. Lo que me motiva es mejorar día a día, mucho más que las medallas”.
Es una perspectiva formada por la experiencia y por un viaje deportivo que ha abarcado el rugby y el fútbol americano, además del atletismo.
Perspectiva desde una “vida entre un millón”
A una edad en la que algunos compañeros se están relajando, a Okoye le molesta la idea de que la motivación debería ser más difícil de encontrar.
“Me parece ridículo cuando la gente habla de que la motivación disminuye después de los 30”, dice. “Veo personas con vidas mucho más duras que la mía: levantarse temprano, trabajar muchas horas, criar hijos, tener múltiples trabajos. Practico un deporte que amo.
Es absolutamente un privilegio hacer lo que hago, así que no lo veo como una rutina. Ese encuadre simplemente no tiene sentido para mí”.
Su variada carrera le ha dado una visión amplia de lo que el deporte puede ofrecer.
“He tenido tantas experiencias en mundos tan diferentes que siento como si hubiera vivido cuatro o cinco vidas diferentes”, reflexiona. “Cuando miro el total de mi vida hasta ahora, es difícil decir que las cosas han ido mal o han ido mal. He sido increíblemente privilegiado y muy afortunado”.
En lugar de preguntarse qué pudo haber sido, está firmemente concentrado en lo que aún podría ser.

De la potencia bruta a la comprensión técnica
Muchos fanáticos del Reino Unido notaron a Okoye por primera vez en Londres 2012, cuando llegó a la final olímpica como una fuerza de la naturaleza de 20 años. Él ve esa versión más joven de sí mismo como casi un atleta diferente.
“En 2012 realmente confiaba en lo físico”, dice. “Me faltaba técnica, pero estaba totalmente comprometido con ese enfoque y saqué el máximo provecho de lo que tenía.
En los últimos años he aprendido mucho más sobre la mejor forma de lanzar. Nuestro conocimiento del disco ha cambiado, al igual que la ciencia: creces escuchando una teoría y luego surgen nuevas ideas. He estudiado este deporte y he mejorado mi técnica, y esa es la mayor diferencia entre ahora y en 2012″.
Ahora, la pregunta es con qué frecuencia puede convertir esa mayor comprensión en grandes distancias en el estadio.

Techo, suelo y la cuestión de los 70m
Un invierno pasado en bases de entrenamiento más cálidas ya ha dado sus frutos.
“Pasé un invierno excelente en lugares bonitos, cálidos y soleados, no en el Reino Unido”, dice con una sonrisa. “Fue muy bien. He elevado mi techo y ahora estoy en una posición en la que puedo ganar en cualquier día. El siguiente paso es elevar mi piso para que incluso mis malos resultados sigan siendo competitivos”.
Las cifras concretas sugieren que 70 metros es más que un simple sueño.
“La técnica que tengo ahora me permite lanzar 70 metros en un estadio”, afirma. “Si haces eso, tienes una gran oportunidad en cualquier competición. Se trata simplemente de hacer que ese movimiento sea autónomo para poder soltarme y disfrutar de los grandes momentos”.
El desafío, según él, no es descubrir algo nuevo, sino confiar en lo que ya existe.
“Una vez que la presa se rompa, inundará toda la llanura”, afirma. “Simplemente estoy esperando ese momento en el que lo haga bien en la competencia, cuando en lugar de 66 esté lanzando 69 o 70. Definitivamente está dentro de mí; se trata simplemente de hacerlo bien ese día”.

De vuelta a Loughborough, con los ojos puestos en Londres
Entre competiciones internacionales, Okoye tiene su base en la Universidad de Loughborough, establecida desde hace mucho tiempo como centro del atletismo británico.
“Entreno en Loughborough”, dice. “Si eres un atleta de alto nivel en el Reino Unido, probablemente sea el mejor lugar para establecerte. Tiene todas las instalaciones”.
Sin embargo, pregúntele cuál es su lugar favorito para competir y la respuesta llegará rápidamente.
“Londres es definitivamente mi lugar favorito para lanzar”, dice.
Aquí, en el Campeonato del Reino Unido, la tarea de Okoye es simple: asegurar la selección, seguir refinando el movimiento y acercarse a ese avance difícil de alcanzar. Si la presa finalmente se rompe este verano, la avalancha de distancia que sigue podría llevarlo directamente al panorama mundial de medallas.








