Philipp Lahm ha afirmado que se está “vendiendo” el Mundial y “despojándolo de credibilidad” tras describir la cercanía de Gianni Infantino con Donald Trump como “muy preocupante”. El ex capitán del Bayern de Múnich y de Alemania alega además que “existe la sospecha de que obtienen ventajas personales de sus cargos”.
Lahm, de 42 años, declaró durante el último Mundial que Infantino “simplemente no tiene integridad”. También afirmó en 2022 que el presidente de la FIFA “no busca la mejor solución en interés del fútbol” y “se aprovecha del juego”. Su posición se ha mantenido sin cambios durante los últimos tres años y medio.
Tras acusar a la FIFA de “no dar información honesta sobre la verdadera demanda” de entradas para inflar los precios, y expresar su oposición a una Copa del Mundo bienal, Lahm puso sus ojos firmemente en Infantino. Su columna en Die Zeit afirma: “Lo más preocupante es la proximidad de Gianni Infantino a gobernantes como Donald Trump.
“Existe la sospecha de que obtienen ventajas personales de sus cargos. Se vende el Mundial. Esto resta credibilidad al fútbol. Esto provoca el malestar de los aficionados, para quienes cada vez es más difícil separar la FIFA, por un lado, del evento, por otro”.
Lahm añadió: “Este juego es un medio perfecto para que la humanidad negocie su convivencia. Pero el fútbol también es tirado por figuras que tienen otra cosa en mente, algo turbio”.
Este último toca el meollo de sus quejas sobre la organización del torneo en Qatar y las circunstancias que condujeron a ello. Lahm escribió en una columna para RedaktionsNetzwerk Deutschland (RND): “La FIFA ha perdido aún más credibilidad debido al máximo representante.
“Cada vez tenemos más la impresión de que Gianni Infantino no busca la mejor solución en interés del fútbol y que simplemente no tiene integridad”.
“Se trata de que el niño cayó al pozo hace doce años, cuando este torneo fue concedido a Qatar en circunstancias turbias y extrañas. Infantino no da la impresión de que quiera cambiar nada.
“Se aprovecha del juego. Este es el problema de la FIFA, una institución con sede en Europa, no del fútbol. Y esto sólo puede cambiarse si finalmente se confía en un procedimiento de adjudicación razonable y transparente en el futuro”.








