En los Juegos Olímpicos de Invierno, las medallas se pueden ganar o perder por márgenes muy pequeños, a veces incluso antes de que se complete por completo un salto, un giro o un levantamiento.
El lunes en Milán, esa realidad se desarrolló en tiempo real cuando un posible mal funcionamiento del vestuario casi descarriló una de las actuaciones más importantes de la competencia de patinaje artístico.
En la danza sobre hielo, cualquier pieza de vestuario que cae al hielo resulta en una deducción inmediata, un error costoso en una disciplina donde las posiciones en el podio a menudo están separadas por fracciones de punto.
El incidente ocurrió durante una secuencia de elevación, con Poirier levantando a Gilles mientras la pareja giraba sobre el hielo.
Mientras giraban, el puño del disfraz de Poirier se enganchó en las medias de Gilles y se soltó. Si la pieza hubiera caído al hielo, es casi seguro que la deducción habría dejado a los canadienses fuera de la contienda por la medalla.
En cambio, Gilles reaccionó al instante. Sin romper el personaje ni interrumpir la coreografía, agarró la tela suelta y discretamente la metió detrás de su espalda mientras la pareja completaba el elemento y se enfrentaba a los jueces.
El movimiento fue sutil, casi invisible a menos que se reprodujera en cámara lenta, pero pudo haber salvado su campaña olímpica.
Gilles y Poirier anotaron 86,18 puntos en el baile rítmico, colocándolos en tercer lugar en la general de cara a la parte de baile libre de la competencia.
Están detrás de los franceses Laurence Fournier Beaudry y Guillaume Cizeron en primer lugar y de los estadounidenses Madison Chock y Evan Bates en segundo lugar.
Después de la actuación, Poirier habló sobre la mentalidad del equipo al ingresar al evento. “Estábamos realmente en la zona, sintiéndonos motivados, hambrientos y listos para sumergirnos en el programa”, dijo. “Teníamos las anteojeras puestas, lo que nos permitió patinar (en el) presente”.








